En esta residencia colonial mediterránea, la arquitectura se vuelve memoria: arcadas que sostienen la luz, balcones que enmarcan el paisaje y una distribución que invita a habitar lo cotidiano con serenidad. Su estructura de dos niveles y su ubicación dentro de un entorno residencial consolidado revelan una visión atemporal, construida para perdurar y resonar con el paso de los años.
La distribución interior privilegia recorridos fluidos y zonas sociales generosas, mientras que los exteriores se integran mediante terrazas y cubiertas que protegen del clima y enmarcan las vistas del entorno. La selección de materiales tradicionales refuerza la durabilidad y el carácter del proyecto, consolidando una presencia arquitectónica sólida y coherente.
